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jueves, 10 de mayo de 2012

Carta de felicitación de Choce

Esta es mi felicitación de parte de Choce. Es preciosa (como todo lo que él hace). Muchísimas gracias. 

Hoy es el cumpleaños de nuestra Grumpy, apodo cariñoso que le hemos asignados algunos de sus incondicionales y asiduos blogeros. Nada más lejos de la realidad, y por muy sonoro que resulte ser este alias (en su traducción al castellano significa gruñoncete), todos los que la conocemos sabemos que este adjetivo no le representa en absoluto. Aunque así son los motes en nuestra familia: cortos, armoniosos y con un toque de picardía; y si no que me lo digan a mí.
Si bien algo le puede definir en su totalidad a nuestra cumpleañera es el “beautiful person” que hace referencia la bienvenida a su blog. Ella es una bellísima persona en el término más amplio de la palabra, siempre entregada a los demás y con una imaginación y tesón dignos del mejor de los artistas.

Buenos días, le traigo el libro que me prestó,
¿Ya lo has leído?
¡No podía dejarlo!...¿ha llegado algo nuevo?
desde ayer...no
No importa, me llevaré ... ¡este!
¿Ese? Si lo has leído dos veces
¡Pero es mi preferido: Lugares lejanos, aventuras, hechizos
mágicos, un príncipe disfrazado!
Si tanto te gusta... puedes quedártelo
Pero señor…
Insisto
¡Pues gracias! ¡muchísimas gracias!

Ahí va esa joven tan extravagante
Que nunca deja de leer
Con un libro puede estar
Siete horas sin parar
Cuando lee, no se acuerda de comer.

Esta secuencia musical del comienzo de “La Bella y la Bestia” siempre me recuerda a ella. Bella está entusiasmada en su lectura y en su mundo interior, sin importarle los comentarios que brotan a su alrededor. Como la protagonista de esta película, Grumpy es especial, una heroína dentro y fuera de su trabajo, capaz de encantar a todos los que estamos a su alrededor y con un don especial para la lectura y escritura.
Yo he tenido la suerte de convivir con ella en casa de mis tíos durante mis años de carrera, de los que guardo recuerdos fabulosos e inolvidables. Hermana pequeña y yo éramos sus confidentes y cómplices en aquellos tiempos, además de los primeros en probar sus experimentos con las tartas y de compartir tardes de cine y noches de Ally Mc Beal.

Sin duda, uno de los recuerdos más reciente en torno a su cumpleaños fue en su último cambio de década, cuando decidimos prepararle en casa de mis tíos una fiesta sorpresa. Señora había preparado una comida exquisita, como siempre, y el resto nos encargamos de decorar todo el salón con guirnaldas del número de años que cumplía (por si en algún momento se le olvidaba la cifra, nosotros siempre tan considerados y atentos). House era nuestro gancho para que nos avisara en el momento de la llegada a la casa con un toque al móvil y recibirla escondidos y en silencio, como en las películas. Pero la sorpresa no salió como estaba prevista. Hermanísima había preparado un montaje de fotos recopilatorio increíble con la canción de “Girls just wanna have fun” de Cindy Lauper (una de las preferidas de Grumpy). Nuestra brillante idea fue ponerlo para probar que funcionara; y no sólo lo probamos, sino que lo dejamos que se reprodujera infinitamente mientras cantábamos y dábamos aplausos, brincos y risotadas por el salón: sobrinísima bailaba, Ciclón hacía piruetas magistrales en la alfombra, y mientras tanto, House daba toques al móvil a modo de contraseña que, por supuesto, no escuchábamos entre tanto escándalo. Cuando nos quisimos dar cuenta ya era demasiado tarde, Grumpy estaba en la puerta con una cara entre asombro y …“¿habéis empezado la fiesta sin mí?” ( ni que decir tiene que no conseguíamos parar el DVD en ese momento). Y ya ni cuento cuando vio tanto número por ahí colgado, que aquello parecía la Feria de las Matemáticas. A pesar de nuestro fallo de coordinación, la sorpresa le encantó, aunque ya se la oliera nada más salir del coche, o mejor dicho, la oyera. Esta es una de las tantísimas anécdotas geniales que tengo con Grumpy, que son muchísimas. Hace poco estuvieron ella y House viéndome en el último estreno de nuestro grupo de Teatro, y es algo que les voy a estar siempre agradecido, la buena energía llegaba hasta el escenario y su agradable presencia en casa hacía que me olvidara de los nervios previos. Aquel también fue un fin de semana memorable.

Con su voz dulce y de princesa,
ella es quien despierta a las musas,
antes de que amanezca.
Es tenaz cual caballero andante,
que va salvando vidas por todas partes.
Igual que el de una reina es su paladar,
y con sus manjares a todos consigue agradar.
De belleza cautivadora y gran valor,
sus cabellos guardan el secreto de la luz del Sol.
Sabia observadora como un ave imperial,
así es nuestra Grumpy,
no tiene igual.

¡¡¡MUCHAS FELICIDADES!!!
De Choce. 


martes, 20 de marzo de 2012

Primeros recuerdos de infancia

Baby hugging bunny- Diana Evans
Son curiosos los primeros recuerdos. No tienen una continuidad sino que son meros retazos. No obstante, resultan tan vivos como si hubiesen ocurrido ayer mismo, aunque hayan transcurrido 40 años. No tengo memoria de mi época canadiense, salvo por referencias, ya que regresamos a España antes de nacer hermanísima, con la que me llevo menos de año y medio. Mis primeros recuerdos se remontan por tanto al tiempo en que nació hermanísima y en el que vivíamos en el piso de Alonso Cano. Como era muy pequeña, mi vida transcurría a ras de suelo y, supongo que es por eso, por lo que me acuerdo tan bien de la preciosa tarima de madera reluciente, casi bruñida, de aquella casa. Sé que la habitación donde dormíamos hermanísima y yo estaba enfrente de la de nuestros padres, porque algunas mañanas del fin de semana nos íbamos allí a ver si nos dejaban jugar en su cama un rato con ellos. Hacíamos una tienda que nos cubría las cabezas con las sábanas y mi padre nos hacía cosquillas que nos hacían removernos de la risa.

Cuando me tocó la fase de terrores nocturnos, recuerdo levantarme una noche toda esperanzada con la idea de refugiarme bajo la protección de mis progenitores. Les expliqué mi sueño: mi cama flotaba en medio del universo mientras viajaba entre "estrellitas" que subían y bajaban a mi alrededor a gran velocidad. Las veía tanto con los ojos abiertos como cerrados. No les debió de parecer un sueño los suficientemente aterrador y me enviaron de vuelta a mi dormitorio con la recomendación de que me protegiese hermanísima, que contaba con un año de edad y roncaba feliz y tranquila en su cuna, al lado de mi cama. El universo se transformó momentáneamente en un océano, con la sensación de estar sumergida entre extrañas ballenas y aún más extraños tiburones y monstruos marinos. Aquel mar me asustó mucho menos que la idea de errar perdida en el universo. Hermanísima seguía felizmente dormida entre los peces, por lo que no supuso un gran apoyo. El sueño de las estrellitas fue mi pesadilla recurrente durante la infancia. Descubrí que si agarraba mi osa rosa de peluche, me tranquilizaba.

En aquella casa teníamos una vecina  un par de años mayor y que, a esa tierna edad, me parecía toda una adulta. Vivía un par de pisos por debajo del nuestro y en un cumpleaños le regalaron un tocadiscos, de color amarillo que me impresionó cuando nos lo enseñó. Es otro de esos retazos que conforman mi memoria de esa época, supongo que porque me pareció un regalo de "mayor".

Había una farmacia en nuestra calle, con una cruz verde que me llamaba la atención. Me fijé por primera vez en ella una tarde de verano, mientras paseábamos. Yo llevaba puesto un mono sin mangas y de pantalón corto, de una tela como de toalla, fina y aterciopelada, con una cremallera de metal en la parte delantera con una arandela para subirla y bajarla. Me encantaba aquel mono, era comodísimo y, en mi opinión, su precioso color azul-verdoso aguamarina, que vuelve a llevarse esta temporada, me parecía de lo más favorecedor. Me sentía feliz vestida con él.

No se me olvida el miedo que pasé el día que me pusieron la vacuna de la viruela. Nos llevó mi padre, así que pensé que debía de tratarse de algo importante. Iba de su mano y casi volaba sobre el suelo. Mi progenitor siempre ha caminado a buen ritmo y, el tener agarrado a un chiquillo, lo único que suponía es que el niño tenía que correr. Cuando llegamos allí oí como un crío daba alaridos detrás de la puerta cerrada. Lógicamente, el sonido me tranquilizó mucho, no obstante, la figura paterna me imponía demasiado como para atreverme a emitir ni media queja. Entré a continuación, sin aliento tras la carrera y temblando de la cabeza a los pies. Vi cómo pasaban sobre una llama azul una gran aguja, larga y negra. Me la acercaron. Pensé que me quemaría pero la mirada de mi padre bastó para que no me moviese. Me rasparon con ella la piel, aunque no lo asocio con ningún tipo de dolor. No sé si el miedo me tenía paralizada e insensibilizada. A partir de ahí se terminan las imágenes y el nudo del estómago.

"Snow White" Gustav Tenggren
Me acuerdo de la primera vez que fui al cine. Era una sala que estaba cerca de casa. La película era Blancanieves. La imagen de la bruja perseguida por los enanitos hasta despeñarla me sobrecogió y se me grabó en las retinas. Recuerdo la sensación de terror, inmóvil en el asiento, boquiabierta (ese gesto era propio en mí), totalmente abstraída por la escena. Deseaba que alcanzasen a la bruja pero, al mismo tiempo me daba miedo que lo consiguieran. La malvada madrastra lanzaba rayos para destruir a los enanitos y, quién sabe, qué podría hacerles si la atrapaban. Aún puedo ver en pantalla grande la caída por el precipicio, arrastrada entre las rocas, iluminada por los relámpagos y rodeada por la capa negra. Recuerdo la mezcla de alivio y espanto que me invadió entonces. Después de aquello, al pasar por el cine, siempre me fijaba en el gran cartel que anunciaba la película que exhibían. La siguiente que vi fue Fantasía. Por entonces no me gustó. Nadie me había explicado que se trataba tan sólo de una animación basada en la música, así que me pareció que la trama no tenía un hilo conductor con el que seguir la historia. Después de la emocionante Blancanieves mi opinión crítica de Fantasía fue que era un rollo. Como secuela de aquello, durante muchos años tuve encima de la cama un póster de la película con Blancanieves en brazos del príncipe. Es innegable que, esa imagen, tuvo una gran influencia en mis expectativas románticas.